Septiembre 2023

 

Septiembre es un mes especial en Chile. Se conmemora nuestra independencia, pero también, esta vez, los 50 años del Golpe Militar de 1973.

 

Yo viví el Golpe en carne propia. Recuerdo el día como si fuera ayer. Al escuchar las últimas palabras del Presidente Salvador Allende y las primeras de la Junta Militar, tuve la certidumbre de que algo importante estábamos perdiendo.

No sólo fue la democracia, sino que el Golpe fue seguido de múltiples asesinatos por organismos de estado, detenidos desaparecidos, torturados y condenados sin juicios.

Falló la democracia, fallamos como sociedad y país, no fuimos capaces de ponernos de acuerdo ni de agotar los mecanismos democráticos para solucionar los graves problemas que vivió el país. Muchos de ellos reales, pero otros incrementados por intereses políticos y financieros de las grandes organizaciones del poder nacional e internacional.

Lo peor es cuando un gobierno, habitualmente una dictadura, persigue, no actos delictuales, sino ideologías y por ende a las personas que las profesan. No importa la ideología de las dictaduras, si son de derecha, centro, izquierda o nacionalistas, el hecho que querer acallar las ideas con violencia, envilece a quienes practican estas acciones.

En Chile no hubo guerra, hubo una lucha muy desigual entre los organismos de estado y la parte de la población civil, inerme.

El tiempo todo lo cura, dicen. El Comandante actual del Ejército tenía 7 años para el Golpe y está guiando a su institución por los caminos de la legalidad, como siempre debió haber sido, subordinada al poder civil.

Es por ello que es tan lamentable el espectáculo de algunos políticos que, sin haber aprendido la lección, persisten en luchas pequeñas, que no conducen a ningún lado y que sólo nos dividen.

Mi opinión es que nuestra clase política es bastante mediocre, con escasa capacidad de liderazgo y menor aún de visión de futuro. Probablemente es por ello que la gente joven no desea no sólo no participar en la política, sino que ni siquiera participar en las votaciones.

Los dirigentes, sin color político, deberían hacer un gran esfuerzo motivacional para lograr entusiasmar a la población joven de nuestro país, para atraer a futuros dirigentes y políticos de calidad que, por fin, sean un real aporte a nuestra sociedad.