Octubre 2011

 

La Universidad de Chile, es la más grande e importante del país, tanto por la cantidad de alumnos como por el número de carreras impartidas, programas de Postgrado y Proyectos de investigación.

 

Como toda universidad estatal se caracteriza por la diversidad de su alumnado. En ella conviven alumnos provenientes de diferentes clases sociales, estratos económicos, creencias religiosas y políticas.

Tiene la Facultad de Medicina más grande del país, con un importante y señero Instituto de Ciencia Biomédicas y un Hospital Clínico de excelencia Clínica y académica en todas sus áreas.

Dado el número de alumnos de pre y postgrado, la parte clínica se desarrolla en otros hospitales del Estado, también grandes centros de referencia.

Recientemente se ha producido un serio problema con cuatro hospitales del sector oriente de la capital que recibían a estudiantes de pregrado, postgrado y post – título.

Producto de problemas en los convenios vigentes entre dichos hospitales y la Universidad, sus directivos publicaron una orden de abandonar los centros asistenciales de todas las personas de la Universidad de Chile. Al cumplirse esta medida los servicios clínicos dejaron de contar con el importante apoyo de médicos residentes, que son los que realizan gran parte de la tarea asistencial.

Hubo múltiples conversaciones entre las autoridades del Servicio de Salud y las universitarias, llegando a acuerdos para revertir esta medida, lo que se logró después de varias asambleas y mesas de trabajo.

Sin embargo está situación persistía en el Hospital del Tórax, hasta el momento de escribir esta editorial. En efecto, sus directivos, se habían negado a firmar los nuevos convenios y habían desconocido acuerdos previos con la Universidad, focalizando, erróneamente, los problemas en médicos jóvenes, en etapa de formación, que nada tenían que ver con las situaciones planteadas. A algunos se les impidió iniciar o continuar sus programas de especialización.

Independiente de la situación puntual aquí se plantea un problema mucho más grande. Hay una proliferación importante de universidades que imparten la carrera de medicina sin contar con campus clínicos.

Esto redunda en que se ofrecen a los directores de hospitales, habitualmente agobiados por millonarias deudas, cuantiosos ingresos o donaciones para “apoderarse” de los hospitales como campos clínicos.

Muchas de estas universidades ni siquiera tienen programas de especialización acreditados por los organismos competentes, carecen de capacidad docente y nombran a como Profesores a individuos de escasa o nula carrera académica, sin importar la calidad de los mismos. Muchos de estos “docentes” que ostentan grandes títulos de profesores, al ser evaluados en la Universidad de Chile, sólo podrían optar en la categoría académica más baja, es decir Instructor.

Bueno, ese es un problema para las universidades y la calidad de docencia entregada, podría señalarse. Pero no es tan así. Ellos están formando médicos que serán la generación de recambio en un futuro cercano.

Por otro lado qué queda para los pobres pacientes, quienes corren el riesgo potencial de ser atendidos bajo estándares de calidad deficitaria.

Corresponde entonces a las autoridades de salud, en conjunto con las universitarias, renovar los convenios, que durante 60 años han permitido a la Universidad de Chile formar profesionales de excelencia, con programas centrados en la calidad de atención a nuestros pacientes.

El financiamiento adecuado de los hospitales públicos no debe pasar por un verdadero proceso de “remate docente” de sus dependencias, con el riego de perjudicar a nuestros pacientes.

Esta situación, criticable en cualquier escenario, cuando involucra a entidades del Estado, como hospitales públicos y la Universidad de Chile, es absolutamente inaceptable.

Dr. Mario Uribe, editor.