Octubre 2010
Recientemente he participado en el congreso americano del American College of Surgeons, realizado en Washington D.C. Esta ciudad reviste para mí un interés especial, dado que durante tres años, estudié en la Universidad de Georgetown. <strong>Dr. Mario Uribe, Editor.</strong>

Quizás lo más destacable del congreso son los grandes avances tecnológicos y el nivel actual de la investigación médica. La cirugía robótica se encuentra en pleno desarrollo, si bien aún no logra posicionarse en el sitial que los fabricantes de instrumentos lo desean. El precio sigue siendo caro y las indicaciones, por lo menos en cirugía general, escasas. Hay una gran diversidad de nuevos retractores para la cirugía abierta y los instrumentos para laparoscospía están orientados a la cirugía por trócar único.
En una charla que me pareció muy interesante se hablaba de que los avances tecnológicos son tan abismantes, que, prácticamente, no se puede esperar la consolidación de los mismos para adoptarlos. Es así como se justifica la utilización de técnicas poco invasivas para cirugía oncológica, basado fundamentalmente en resultados cosméticos, cuantía del dolor y estadía intrahospitalaria. El argumento es que no se puede esperar cinco años para ver si la tecnología aplicada tiene resultados similares que el estándar, universalmente aceptado.
En lo personal, siempre he sido partidario de la innovación justificada. Existen algunos cirujanos que limitan las indicaciones quirúrgicas al tipo de cirugía que ellos son capaces de realizar. Con esto se produce un sesgo éticamente inaceptable. Sin embargo, hay una perspectiva que con frecuencia no es evaluada, tal es, lo que piensa el paciente, respecto a la cirugía a que será sometida.
El año pasado, tuve la oportunidad de escuchar a un distinguido oncólogo que ahondaba sobre este punto. Señaló que en la literatura había, en el último año, miles de trabajos científicos en relación a nuevas drogas antineoplásicas para cáncer de colon. Sólo siete trabajos estaban centrados en los pacientes. Lamentable. Nuestro objetivo es y debe seguir siendo el paciente. Debemos responder a sus inquietudes y temores. Las tecnologías deben estar al servicio de los pacientes y debemos ser muy cuidadosos en su aplicación. Al hacer una pequeña encuesta entre otros cirujanos amigos, que participaban en el congreso, todos, sin excepción, me señalaron que ellos preferían una cirugía estandarizada y probada, en relación a tecnologías emergentes, si es que ellas no demostraban resultados similares o mejores, especialmente referidos a tumores malignos.
Finalmente, debemos recordar que no todo lo que técnicamente se pueda hacer debe ser realizado. La opinión de los pacientes, mientras se van cambiando los paradigmas que rigen nuestro quehacer, debe ser un pilar fundamental en la toma de decisiones para realizar un procedimiento o técnica quirúrgica.