Noviembre 2011

 

La donación de órganos en Chile ha disminuido en forma dramática en los últimos años. De casi 10 donantes por millón de habitantes, en la actualidad son un poco más de 5. Las listas de espera aumentan día a día.

 

Se ha discutido mucho sobre los efectos negativos que pudo haber tenido la ley de donante universal promulgada hace sólo algunos años. Hubo mucha discusión respecto al efecto que podía tener esa ley. Algunos predijeron lo que ha estado ocurriendo; que no se produciría un aumento en la donación, pero tampoco se esperaba una disminución tan significativa.

Personalmente estuve a favor de la promulgación de la ley, pero con algunas condicionantes que no se cumplieron. Siempre dije que aquella era una iniciativa importante pero que debía ser apoyada por campañas de educación que enseñaran sobre lo que era la donación de órganos y disiparan las dudas más frecuentes, logrando cautivar la confianza del público.

Nada de eso se hizo.

Mi sueño era a largo plazo. Es decir, que de aquí a 20 años, los chilenos nacieran en una cultura de donación, donde esta ley estuviera incorporada al pensamiento colectivo.

Al no existir educación la gente ha reaccionado con rechazo. Son cientos de miles las personas que han firmado su negativa de ser donantes. ¿Por qué de esta conducta? Posibles explicaciones hay muchas pero una de las que con más frecuencia ha he podido escuchar, es el cansancio de que se tomen decisiones inconsultas (lo que se ha observado en muchos niveles de la vida nacional), de las dudas no aclaradas sobre los cuidados de los pacientes hospitalizados, del diagnóstico de muerte, del tráfico de órganos, etc.

El efecto final no deseado es que nos faltan muchos más órganos que antes de la ley.

Algunos han planteado revertirla y volver al estado anterior. Dudo del efecto beneficioso. Creo que sería aún más contraproducente. La respuesta es una sola: educación, educación, educación.

Dr. Mario Uribe
Editor.