Julio 2014

 

Terminó el Mundial. Culminó una instancia de encuentro deportivo internacional del más alto nivel. No sólo los hinchas, sino que también las más altas autoridades de los diferentes países, se apartan un tiempo de sus labores habituales para dedicarse a observar y alentar a sus respectivas selecciones.

 

Viene el momento de los recuentos. Siempre quedará un penal no cobrado, un tiro en el palo, un gol de último minuto, para generar la discusión.

Hay equipos que sobrepasaron sus expectativas, otros que quedaron muy debajo de lo esperado. Hay alegrías y frustraciones. No sólo de los protagonistas, sino también de los hinchas.

El Mundial es un microcosmos de lo que es la vida y lo que es nuestra sociedad.

Hay que prepararse para estar en forma, hay que sacrificarse y dedicar muchas horas de esfuerzo para poder responder adecuadamente a los requerimientos.

Pese a ello, no siempre se gana. A pesar de todo, a veces se pierden las batallas.

La cirugía también se ejerce en equipo. También depende del trabajo quirúrgico conjunto, con anestesiólogos, utiólogos, enfermeras, etc.

Al igual que en el Mundial, hay miembros más destacados, más hábiles, más trabajadores. Pero ni el mejor de todos los integrantes de un equipo puede ser exitoso si trabaja solo, si se aísla, si no tiene una buena relación con el resto del equipo.

Termina el Mundial, pero para el análisis, también podemos llevarlo a una comparación con nuestro diario quehacer quirúrgico. Lecciones y ejemplos de comparación nos sobran.
 

Prof. Dr. Mario Uribe
Editor