Diciembre 2011

 

Recientemente la Sociedad de Cirujanos de Chile ha nominado a uno de sus miembros como Maestro de la Cirugía, el honor más alto que puede entregar dicha institución.

 

Con motivo de fin de año, otras sociedades han deseado elegir a miembros que han tenido una trayectoria profesional destacada para otorgarles algún tipo de reconocimiento.

¿Qué lo que debería distinguir a un médico entre sus pares para que una sociedad científica lo elija como para entregarle algún galardón?

Una trayectoria profesional destacada que lo haya hecho sobresalir en su ambiente. Esto incluye la incorporación de técnicas pioneras en su país, arduo trabajo con pacientes, participación activa en directorios de sociedades científicas, publicaciones en revistas nacionales e internacionales, autorías de libros y líneas de investigación propias.

Esto es como el marco mínimo deseable para ser postulado, pero no es suficiente.

Un Maestro se caracteriza por ser una persona que ha sobresalido por condiciones más allá de lo técnico, por su dedicación a sus alumnos, por dejar un verdadero legado que se transmite a las generaciones venideras. Un Maestro es recordado por algunas frases y actitudes que defendieron lo justo, que apoyaron lo veraz, que se rebelaron frente a la injusticia, que protegieron a los más débiles, que reconocieron los errores, que fueron capaces de pedir perdón.

Para que un Maestro sea recordado, sus discípulos deben haber tenido la experiencia de una conversación profunda, de un consejo desinteresado, de una mano cariñosa y de alguna palabra de consuelo.

Las técnicas quirúrgicas o el conocimiento que hizo destacar a muchos Maestros, en el momento de recibir un premio, habitualmente ya están obsoletas. Han sido reemplazadas por otras más novedosas y con más apoyo tecnológico. La capacidad de trabajo que alguna vez los distinguió ha sido opacada por el paso de los años. La energía y la pujanza se han ido desvaneciendo.

Pero un Maestro es un Maestro. El tiempo puede haber encorvado su espalda y enlentecido su andar. Su agudeza visual puede estar deteriorada. Su voz puede estar quebrada, pero en el momento de decir su discurso, de hacer una recopilación de su pasado, en el momento de resumir su mensaje de vida a unas pocas palabras, se siente su presencia formidable. Es como si desfilaren en minutos los miles de pacientes tratados y los cientos de discípulos, mezclándose con uno, compartiendo las experiencias vividas, los éxitos y los fracasos, las alegrías y penas.

Un Maestro nos puede entregar una experiencia vital que, depurada de errores cometidos, nos empape de consejos que nos permitan construir un mundo mejor. Ese es un verdadero Maestro.

Dr. Mario Uribe
Editor