Agosto 2011

 

Recientemente el futbolizado mundo latinoamericano se ha concentrado alrededor de un torneo de gran importancia para el continente, tal es la disputa de la Copa América.

 

Después del campeonato mundial que se realiza cada 4 años, dicho certamen es el que concita el mayor interés de la afición. Este año no estuvo exento de sorpresas. En efecto, los grandes favoritos de siempre, como Argentina y Brasil fueron descalificados, contra todos los pronósticos. Chile ante esta perspectiva vio aumentada sus posibilidades de, por primera vez coronarse campeón. Obviamente esto no sucedió, siendo eliminado en la fase siguiente.

¿Cuál podría ser el común denominador a lo sucedido a los grandes equipos y a aquellos que en segunda instancia podrían haberse perfilado como campeones? ¿Falta de preparación? ¿Exceso de confianza?, o ¿Incapacidad de trabajar en equipo? Probablemente sea una mezcla de todo ello.

Este ejemplo es absolutamente comparable con lo que debe ser nuestra actividad quirúrgica. El mensaje está dirigido fundamentalmente a las generaciones de cirujanos jóvenes y a aquellos que inician su período de formación.

Respecto a la preparación, al recibir un paciente uno debe haber cumplido una larga etapa de estudio para ser capaz de, desde el punto de vista teórico, poder plantear un diagnóstico, con su respectivo diagnóstico diferencial y una estrategia quirúrgica. Asimismo, debe planificar una estrategia quirúrgica que permita resolver el problema que aqueja al paciente, considerando además diferentes posibles escenarios intraoperatorios y sus eventuales soluciones. Sin embargo, la cirugía debe conciliar este enfrentamiento teórico con una adecuada experiencia, que se construye a partir de la exposición continua a múltiples situaciones similares a la que van a ser enfrentadas en el momento de la intervención. Este proceso se inicia con la observación de intervenciones, se continúa con las ayudantías, se consolida en la realización de las mismas y el círculo se reinicia al poder transmitir, a través de la enseñanza, las experiencias vividas.

El segundo elemento que puede consolidar el fracaso en esta área es el exceso de confianza. Éste se magnifica en los primeros años de independencia quirúrgica. Es poco frecuente en las etapas de formación porque la inexperiencia y el temor hacen que el futuro cirujano sea extremadamente cauteloso. A medida que pasan los años, con el aumento del bagaje quirúrgico, el cirujano se siente más seguro en su accionar, pudiendo ver menoscabada su autoestima al considerar pedir segundas opiniones, o sencillamente ayuda, en los casos más complejos, lo que puede constituir una fuente de errores.

Lo anterior enlaza con el último punto que puede condicionar el fracaso, tal es la ausencia de trabajo en equipo. Efectivamente la actividad quirúrgica no puede ser emprendida en solitario. Un cirujano por perito que sea, si no cuenta con un equipo que lo respalde, ya sea de maestros en sus inicios, o de asistentes cuando tengan más experiencia, está condenado al fracaso.

La constitución de equipos quirúrgicos debe estar basada en la confianza, el respeto, la tolerancia y el conocimiento. Son éstos los pilares que permiten el éxito ante situaciones adversas. El crecimiento y desarrollo profesional debe basarse no en aventuras personales sino en un trabajo integrativo que es la clave del éxito.

Que no nos pase lo de la Copa América.


Dr. Mario Uribe, editor.