Abril 2021

 

Estudié en un colegio cuyo lema era, “entremos para aprender”, salimos para servir.

 

 

Hoy nos convoca una situación especial y solemne, tal es la despedida de nuestro residentes que, tres años de formación, terminan una etapa muy importante de sus vidas.

Pero esta ocasión es doblemente especial. Hay un mensaje del mundo que nos ha dicho, con una brutalidad extrema, que nada está asegurado, que todo puede cambiar en un periodo corto de tiempo. Ustedes han dedicado tres años de su vida, con una planificación personal que, afortunadamente no se ha visto tan afectada. Otros no han tenido esa suerte. Nosotros hemos dedicado tiempo y esfuerzo a enseñarles y a transmitirles mensajes, no sólo de entrenamiento quirúrgico, sino de la vida.

La cirugía que ustedes vivieron está cambiando y va a cambiar más aún. Por eso es que fue nuestra intención docente no sólo enseñarles cirugía. Es prepararlos para aprender cirugía y prepararlo para la vida. No sé si la colecistectomía o las intervenciones por cáncer van a seguir existiendo en un futuro próximo. No sabemos si será un escenario como el que conocemos hoy. Pero lo que sí vislumbro es que igual va a haber pacientes, acongojados por sus patologías o la de sus familiares. Sé que ellos van a necesitar un trato digno y oportuno, una voz amiga, una explicación simple y una palabra de esperanza.

También sé que las nuevas generaciones necesitan profesores y maestros (hago la distinción pues el maestro, además entrega un mensaje de vida, no sólo de técnica quirúrgica). Y ustedes están llamados a serlos, en su futuro profesional.

Hemos planificado una formación que, si cumplimos el objetivo, los capacite para desempeñarse en cualquier área de la cirugía, formación en el extranjero, trabajar en regiones, en docencia, en hospitales ministeriales, en investigación.

Pero esto es sólo el inicio. Es la base de la pirámide. El resto deberán construirlo ustedes, adecuándose a las circunstancias que les tocará vivir. Uno no debería dar consejos, si ellos no reflejan una experiencia de vida. Por eso me atrevo a entregarles algunos:

La cirugía no es la vida. Es parte de la vida. Ocasionalmente, y especialmente en los periodos de formación, deberán postergar proyectos y, lo que es peor, postergar a seres queridos, familiares, parejas, hijos y ustedes mismos. No prolonguen estas postergaciones.

Vivan la cirugía con alegría, vivan la vida con alegría, que la cirugía sea un componente más de su felicidad, no un obstáculo.

Salgan, viajen, a veces no podrán hacerlo físicamente como ahora, pero viajen, con sus mentes, con sus proyectos, con sus sueños.

Ese estado de ánimo, esa disposición, les permitirá ser plenos y, como consecuencia, poder mantenerse al día, operar bien, trabajar de noche, enfrentar los desafíos de la carrera y de la vida con optimismo y dedicación.

Cada partida es el fin de un ciclo, pero el inicio de otro. Para ustedes, todo un mundo abierto y complejo pero generoso y lleno de oportunidades.

Para nosotros, nuevos desafíos, llegan otros 6 becados que inician su formación. A ellos, y a los que quedan, les debemos nuestros mejores esfuerzos. Probablemente redoblados por revisiones y actualizaciones y modernización de programas.

En la despedida, un abrazo cariñoso, de un cirujano que pese a llevar muchos años en la especialidad, aún se emociona y vibra al enfrentar un paciente nuevo en pabellón y que dedica horas a una planificación quirúrgica compleja. Que disfruta la cirugía plenamente. Les deseo a esto a ustedes y mucho más.